Tomorrow (Cap 01) (Albafica x Asmita)

Mientras estuvieran juntos, mañana sería mejor. Aún con el silencio del hombre negro, aún con la espalda del hombre de la mano dura. Aún con las derrotas de ayer, de hoy.

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Temas: Universo Alterno, romance, angst
Personajes: Albafica, Asmita, Defteros, Kagaho, Kardia
Resumen: Mientras estuvieran juntos, mañana sería mejor. Aún con el silencio del hombre negro, aún con la espalda del hombre de la mano dura. Aún con las derrotas de ayer, de hoy.
Dedicatoria: Para Kaori Subaru. Me has enfermado con esta pareja, con tu bello Albafica que se robó mi corazón uwu You know how much i love this pairing.
Comentarios adicionales: Trabajo basado 6 años después del rol Gaia. Menciono algunos eventos futuros que se han planeado.
«El siguiente trabajo utiliza a Albafica, Kagaho, Seraphina, Defteros y Kardia, que pertenece a Kaori Subaru, Runasignys, Liv_Cafeína,  Scarlet D y Aioria Hkt respectivamente y puede no representar con exactitud la interpretación de sus dueños.»

Capítulo 01: Dejémoslo para mañana

¿Te has detenido a pensar en el mañana? Seguramente. Obedece al programado instinto de la supervivencia aderezada por la razón. Nunca puede quedarse estacionada en el preciado presente. Demasiado volátil como para considerarlo. Así que, como seres humanos, se piensa en el pasado que se escapó de las manos o en el futuro que aún no podemos atajar.

Sería válido preguntarse qué se hace con lo que está en mano.

Lamentarse: por perderse.

Las decisiones se toman, los planes se elaboran, las ideas se buscan ejecutar. Los sentimientos inician, fortalecen o debilitan con el paso de las horas. La juventud aumenta y poco a poco se ve atrapada entre la miles de cosas que la sociedad obliga a un adulto. Algunos salen del nido muy pronto. Otros demasiado tarde. Algunos pocos, nunca.

Para Asmita Bradley había sido en el momento justo. En ese momento se preguntaba por las hojas desocupadas de su nueva agenda, comprada por su novio, quien lo había acompañado a lo largo de esos seis años. Idas y venidas, confusiones, enredos, momentos en que creyeron que la rutina había apagado el fuego y otros en donde se dieron cuenta que era más difícil estar separados. Juntos habían formado una pieza sólida que solía ser juzgada por la vertiginosidad del amor y su concepto en la sociedad de esos tiempos.

—¿No crees que es aburrido?

La joven le extendió la pantalla de pago, que Asmita a sus 21 años lubricaba con su firma. Los lentes que ahora usaba eran de un grosor mayor que antes, peleando contra la batalla de una mal congénito que no habían terminado de corregir. Afortunadamente, la ciencia había avanzado quizás más rápido de lo que pensaba y ahora podía programar las citas para el costoso tratamiento que le prometía poder ver, sin los lentes.

La mujer se lo quedó mirando, con expresión francamente intrigada. Como si el muchacho frente a ella tuviera algo más especial que el solo cabello a la altura de su barbilla, lacio de manera natural, o sus ojos azules, semi pálidos.

—Es en serio. Es decir, ¿novios desde prepa?

—Tiene sus ventajas. —Le sonrió al momento de entregarle la planilla, escrita con su cuidada letra. Ella asintió y acomodó el registro en el sistema, mientras le extendía el captador de huellas.

—Quizás. Es casi toda una vida. Yo pensaría que sería como tener un hermano.

—Mmmm… dudo que los hermanos hagan esas cosas.

Ella rio, con la naturalidad que siempre había profesado desde que empezó a atenderle. Colocó la mano sobre la impresora, y agarró el ticket que se imprimió para hacérselo llegar.

Asmita aprovechó para abrir la agenda y marcar el día de la próxima cita. Pasó varias páginas en blanco hasta que encontró el día de ese mes y marcó con su letra y una pluma elegante, la fecha de su próxima consulta.

—¿Por qué usas una agenda tradicional? Con tantas aplicaciones de agendas que hay para los phones…

—Simplemente me gusta. Hay ciertos placeres en lo tradicional.

Cuando Asmita salió del consultorio, envió un mensaje comunicando a su pareja que ya había hecho esa diligencia. Albafica estaba en ese momento en sus clases. Tras recibir la respuesta y sonreír, se fue adentrando a la boca del subterráneo para tomar el metro hasta la academia de música.

Muchas cosas habían cambiado desde que aquella noche, tras la fiesta de bienvenida, se habían encontrado en los pasillos de los dormitorios para hablar sobre lo que habían sentido. Desde ese primer beso real. Y aunque en ese momento, incluso cuando fue a confesarle, jamás imaginó que la relación pudiera llegar a tantos años, ahora era una realidad. Había visto a compañeros y personas cercanas ir y venir con sus parejas. Los había visto iniciar y cerrar relaciones, algunas abruptas, otras esperadas. Ellos no podían decir que habían sido los seis años más estables, pero aun cuando intentaron separarse, tuvieron que admitir que aún no había terminado el ciclo.

Al inicio, tras el primer, el segundo año, Asmita había respondió a la pregunta de hasta cuando con: quizás unos años más. O hasta que algunos de los dos encontraran a alguien mejor para tener compañía, encender la chispa o hacerle recordar lo que eran los primeros síntomas de enamorados.

Ya no podía responder con lo mismo. Albafica se había hecho indispensable y cada plan futuro estaba trazado con él allí.

En el metro, mientras la velocidad hacía palidecer al tiempo, Asmita anotaba otros planes que hacer. Había estado ahorrando todo lo que podía de su trabajo nocturno para poder pagar el costoso tratamiento de su vista. Había llegado al acuerdo con Albafica, quien se encargaba del resto de los pagos, por lo menos a modo temporal. Albafica contaba con un fondo que le había dejado su abuelo y lo ayudaba, pero para Asmita era inadmisible tocar algo de ese dinero para algo que solo podría pagar él.

Especialización en gastronomía química, curso de nuevas recetas mediterráneas, nuevas técnicas de cocina gourmet: Asmita iba anotando cada inicio en su agenda mientras se preparaba en lo que sería sus próximos pasos de estudios ya que había escogido alejarse totalmente de su padre. Tendría que esperar hasta la madrugada para ver a su novio, después que terminara su trabajo en el restaurant francés. Anotó para el sábado un día solo en la cama sin querer dejarlo salir. Se lo merecían.

[¿Entonces cuando inicias el tratamiento?]
   
   [Posiblemente, en dos semanas. Aún faltan unos exámenes que me harán para verificar ciertas cosas. No lo entendí muy bien.]

[¿Necesitas ayuda? ¿Chofer? ¿Amo de servicio? ¿Consuelo para tu novio?]

   [Jajaja ¡idiota! ¡No te aproveches cuando este vendado para tocar a mi novio!]

[¡Es que está majo! ¡Siempre te lo he dicho!]

   [¡Te mato!]

[Jajaja bueno, bueno. ¿Pero necesitas algo?]

   [Albafica pidió permiso con sus compañeros para poder estar conmigo. Es rápido. Es decir, el proceso en sí es rápido, la recuperación algo lenta y son varias sesiones. Quizás… quizás si necesitaríamos transporte.]

[Pido ese día y nos vemos allí. Me pasas dirección, fecha, tu sabes. Todo. No vaya a perderme.]

   [Lo haré. Gracias en serio, Kardia. Por cierto, ¿cómo vas con “él”?]

[¡Oh! Si te contara…]

Asmita sonrió divertido al leer el texto «escribiendo…» intermitentemente en el inicio de la pantalla. Kardia al parecer iba a sacar toda una biblia con los últimos acontecimientos de «él». Dejó el móvil a un lado y encendió la luz de la cocina. Acababa de llegar al departamento y era más de las dos de la mañana. Se sentía cansado, un tanto pesado, pero siempre tenía la costumbre de ir a la cocina y verificar si algo hacía falta.

Abrió la nevera y revisó lo que había. Anotó mentalmente comprar otro cartón de leche, revisó el estado de las legumbres e hizo planes mentales del desayuno del otro día. Cerró la puerta y se acercó al lavado para verificar cuánto había del limpiador de vajillas y comprobar si todo estaba limpio, aunque sabía de antemano que lo estaría. Agarró el teléfono para leer, divertido, la verborrea que había sacado Kardia para explicar su actual situación sentimental. Iba alternando el teléfono entre sus manos, mientras se quitaba la camisa.

Le decía que necesitaban verse y hablar. Asmita ya catalogaba como mañana una buena ocasión. Escribió una respuesta y tomó la agenda para revisar los días y encontrar un buen espacio para esa conversación crucial, que seguramente estaría acompañada de alguna búsqueda fantasmal. Había hábitos que no se olvidaban.

Estaba en ello cuando sintió los pasos a su espalda.

Sonrió al reconocer la suave presencia que se acercaba a su espalda, silenciosa. Los calcetines no hacían ruido sobre el piso de madera y aunque Asmita ya había notado que se acercaba, no se movió, esperando el momento en que fuera capturado. Los brazos de Albafica lo rodearon sobre los hombros y su nariz se metió entre las hebras de su cabello dorado. No llegaban a ser diez centímetros de diferencia, pero Albafica había crecido lo suficiente como para dejar de ser casi del mismo nivel.

—Llegaste.

—Llegué. —Confirmó al tomar sus brazos y dejar un beso en la fina piel de su muñeca que tenía más cerca de sus labios. Luego Asmita echó su cabeza hacia atrás para poder concretar un beso de saludo con su novio—. Te creí dormido.

—Lo estaba… Me quedé dormido sobre el teclado mientras tipeaba.

—¿Aún falta?

—Hoy nos devolvieron los resultados, el profesor decidió cambiar la metodología.

—¿De nuevo?

—Otra vez… dice que hay que saber explotar bien el tema y no desaprovechar las evidencias…

—Para mí ya no sabe qué hacer.

—Eso mismo pienso.

Se giró para quedar ahora frente a su pareja, y envolver con sus brazos la afilada cintura. Le gustaba el siempre deliciosos aroma de los frutos cítricos en su piel y en el nacimiento de su cabello que ya rozaba su cintura y al que Asmita le gustaba tocar y juguetear en medio de los abrazos.

Y allí, en ese espacio, había retazos de mañanas que se convirtieron en hoys y acabaron siendo ayeres. Fotografías que inmortalizaban fragmentos de su gran historia a través de esos seis años. Cada logro que habían alcanzado juntos y cada momento que habían decidido plasmar para siempre en una imagen digital y luego física.

Asmita destinó una mirada a cada una de ellas y al espacio que ambos habían destinado para la foto de su graduación. Cuando Albafica obtuviera los méritos para su título de Historia del Arte y Asmita estuviera allí para recibirlo. Un mañana pronto a concretar.

Le dejó entonces un beso sentido en su cuello y sus dedos dieron vuelta a un mechón del esponjoso cabello que él tenía. Albafica se entretuvo en acariciar los cabellos nacientes de su nuca, como siempre lo había hecho. Ese gesto que nunca dejó de ser uno de sus favoritos.

Le tomó la mano, para llevarlo consigo a su habitación.

—¿Comiste todo lo que te deje?

—Más o menos… tras lo que dijo el profesor no tenía mucho apetito.

—Alba…

—Está bien, no era que dejé todo.

—Mañana me muestras lo que te dijo el profesor.

—Sí… También me escribió Defteros. Me envió una foto, sobre piedras.

—¿Piedras?

—Sí, eran pierdas. Seguro está en uno de los viajes de expedición. Le pregunté que cuando nos podíamos reunir de nuevo los tres. Dijo que Kagaho está muy ocupado pero que buscará la manera de convencerlo.

—Tienen ya tres meses que no se ven.

—Lo sé… ¿con quién hablabas cuando llegué?

—Oh… ¡Kardia! Olvidé ver si me respondió.

Revisó su móvil mientras se quitaba los zapatos y su pareja recogía los apuntes regados en la cama, junto a la laptop y algunas anotaciones. Sonrió leyendo rápidamente lo que le decía, lo importante que era hablarlo y que en verdad no estaba seguro de cómo tomarlo todo.

No habían cambiado muchos, comparados a los jóvenes adolescentes que fueron dentro de Gaia. Seguían teniendo las dudas, las confusiones y las inquietudes que como jóvenes podían tener ante la vida, ante las relaciones, ante lo bueno o lo correcto.

Solo que ya no podían ser justificados por la edad. Que la sociedad ahora esperaba que ellos hicieran las cosas bien y ya no podían justificar sus desaciertos con decisiones hormonales o simple experimentación. Era como estar ya corriendo en la pista de la vida y no jugando a las prácticas.

Aunque la realidad fuera que nunca hubo ensayos.

La vida era como agarrar un carro dentro de la pista. Solo te dicen: ponte el casco, abrocha el cinturón. Mañana está allí: al frente.

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