Tomorrow (Cap 08)

Las posibilidades estan a la vista, peor hay que seguir luchando para alcanzarlas. El mañana deja de verse tan oscuro.

Anuncios

Temas: Universo Alterno, romance, angst
Personajes: Albafica, Asmita, Defteros, Kagaho, Kardia
Resumen: Mientras estuvieran juntos, mañana sería mejor. Aún con el silencio del hombre negro, aún con la espalda del hombre de la mano dura. Aún con las derrotas de ayer, de hoy.

Capítulo 08: El mañana posible

Iniciar el proceso de preparación para el del trasplante significaba un avance hacia el futuro, uno donde Albafica estaría totalmente sano, lejos de la clínica, los medicamentos fuertes y el malestar imperante después de cada sesión de químico. Era un proceso que requería de paciencia, confianza y sobretodo esperanza de que todo saliera bien al final. Afortunadamente, en los exámenes había arrojado como positivo la compatibilidad genética entre padre e hijo. La posibilidad de un fin al cáncer se convirtió en una realidad.

El conteo de glóbulos también había mejorado su panorama. Había sido una decisión acertada comenzar con el tratamiento de inhibición de las células cancerosa en base a la radio y quimioterapia de manera agresiva y sin perder el tiempo. Asmita nunca habló del origen de los fondos, no lo vio necesario y sinceramente no importaba si de ese modo había podido arrancar a Albafica de los brazos de la muerte. Si lo había mantenido consigo.

Con la nueva posibilidad, incluso el rostro de Albafica se había iluminado. Tendrían que cambiar de clínica, a una especialista en el proceso del trasplante, que se encargarían de que todo estuviera en orden, antes, durante y después de la intervención. Aunque el proceso no estaba aparado por su seguro de vida, su padre pagaría todo. No había dejado de ir todas las tardes después de la oficina al verlo. Compartían su tiempo con él e intentaba salvar los lazos de una comunicación abandonada por demasiado tiempo. Entonces fue fácil pensar que todo lo que ocurría solo había sido una prueba.

Una prueba de su fortaleza, una prueba de su convicción. Una prueba de lo que podrían lograr si estaban juntos. Una prueba incluso para el hombre que había dejado de verse en un negro collage de miradas perdidas y ahora se atrevía a verle el rostro a su hijo, solo para contemplarlo recuperar más la vida cuando el tratamiento terminase. Había mucho que hacer, mucho qué luchar por la vida. Albafica había sido un excelente contendiente contra el veneno de su sangre y estaba a dispuesto a pelear hasta el final y vencer. Y eso, esa chispa, esa contundencia de Albafica de seguir viviendo, les imprimía fuerza a su alrededor.

—¿Cuándo nos iremos? —Asmita sacó de su morral un gorro tejido en un azul muy parecido a su cabello y se acercó a su novio para colocárselo sobre su cabeza con el cabello muy corto y algunas partes sin él.

—En un par de días no confirman. Entonces podremos llevarte a la clínica.

—¿Está mejor así? —Asmita le sonrió con suavidad tras terminar de acomodar el gorro en su cabeza. Tenía un par de orejeras que le cubría los lados del rostro y le daban un aspecto divertido. Albafica le preguntaba con un significado tras la pregunta, era inevitable no preocuparse por cómo se vería su aspecto tras la pérdida de cabello y la obligación de cortárselo.

—Eso debería preguntarte a ti. Pensé que te daría frío en la noche, así que te traje este gorro. —Se inclinó para dejarle un beso en su frente y otro sobre su nariz—. Te queda muy bien. Sigues siendo muy guapo.

—Debes extrañar mi cabello.

—Extraño mucho más cosas, como acostarme contigo y abrazarte cuando la noche está fría. O atraparte mientras te bañas para unirme y bañarme contigo.

—Adoro que hagas eso…

—Oh, yo también… Extraño que me abraces y me cubras porque me quedé enano. —Albafica rio con la mención, y pasó sus dedos largos por el filo del rostro de Asmita, como si fuera lo más adorable que pudiera tocar en ese momento—. Extraño muchas cosas, cariño. Tu cabello volverá a crecer, más largo, esponjoso y sensual de lo que era antes.

—Gracias por esto… por todo. Por quedarte.

—No hay nada que agradecer. No sé vivir de otra manera y no quiero aprender a vivir de otra manera. Necesito vivir contigo.

Albafica también había aprendido de muy mala manera a entender esa verdad: no podía estar bien sin Asmita y no sabía en qué momento Asmita, en sus cortos dieciséis años, se había colado tan hondo en su pecho para que lo único que podía era pensar en un futuro con él. Si Asmita no hubiera estado con él al momento de la enfermedad, no podría asegurar de que las cosas fueran similares. Ni siquiera si tendría ese impulso de vida que tenía en ese momento, cada vez que pensaba en él y en sus amigos.

Y lo que más le impresionaba, era saber que pese al tiempo que había pasado, a todos esos años, eso seguía allí, imperturbable. Como si fuera una reserva inagotable de amor, de cariño y de espera que había junto con él. Como si todos los días el amor se renovara. Y él no podía pensar en otra cosa que no fuera el vivir más días así con él.

Incluso cada intento que llegó a hacer de cómo se vería su vida separado de Asmita terminaba en el mismo escenario, uno en donde Asmita regresaba o  él lo buscaba, para volver a unirse porque no podían hacerlo de otro modo. Porque dolía de otra manera. Porque la vida era infinitamente más hermosa si estaban juntos.

Por esa razón, Albafica recibió muy bien la noticia del cambiar de centro médico en un lugar donde su cuidador podía descansar con él en la misma cama, si estaba totalmente sano y no ocurría riesgo de infección. En un lugar donde el mismo Asmita podría encargarse de prepararle la comida, siguiendo la dieta estricta y acompañarlo a salir y caminar en el amplio jardín para recibir las visitas que quisieran darle mientras se preparaba para la intervención. Y pasar las noches con él, sobretodo eso. Pasar las noches a su lado como tanto extrañaba.

Su padre le mostró las fotografías del lugar, así como le entregó los folletos con información necesaria sobre el tratamiento, los cuidados y los beneficios de ello. Le hizo ver que todo estaría bien si estaba allí y que las probabilidades de estar sano totalmente en el trimestre siguiente eran muy altas. Podría volver a la universidad y acabar su carrera. Podría volver a casa.

El día de la mudanza, Kagaho y Defteros estuvieron allí. Asmita había necesitado su ayuda por dos razones importante: una, necesitaba quien cuidara de Reina Mab en su ausencia y la otra, necesitaba llevar el equipaje de ropa de Albafica y de él que usarían el tiempo que estuvieran dentro de la clínica. Asmita no quería razones para salir en medio del tratamiento, así que dejaría todo en orden.

Al llegar a la clínica, las enfermeras ya habían ayudado a Albafica a levantarse de la camilla. Necesitaría darse un baño y cuidar que los cráteres no se movieran en medio del proceso. El mismo Asmita al llegar lo ayudó en eso, pese a que su novio se notó renuente de ser acompañado, argumentando que podía hacerlo solo. Pero la mano de Asmita fue suficiente para convencerlo de ir al baño de la habitación y obedecer.

En su mano había una muda cómoda. La camisa favorita de Albafica, que tenía unos colores claros y un pantalón suave de algodón. Sus labios se humedecieron un poco al ver que la puerta había sido cerrada y Asmita colocaba la muda sobre el lavado seco. Sostenía aún la bolsa mientras echaba a un lado la puerta de vidrio y abría la regadera. Mentiría si no estaba nervioso, como si fuera la primera vez que Asmita lo fuera a ver desnudo.

Aunque desde que había sido internado, sería la primera vez. Y Albafica estaba consciente del peso que había perdido y los cambios que tenía en su cuerpo debido a todas las intervenciones químicas en contra de la leucemia. En ese momento, sentía que al estar desnudo frente a Asmita sería romper por completo la imagen que debía guardar él de quien era antes, de todo aquello que le gustaba tocar y acariciar cuando hacían el amor.

Con cuidado, Asmita se acercó para desnudar la bata médica y apreciar los ojos. Su mirada estaba escondida en sus pies, negándose a verlo directamente como él deseaba. Asmita había podido leer allí la turbación que tenía su novio de mostrarse cuan era en ese momento, como si se tratara de algún desconocido. Y no pudo evitar el alzar los ojos más y posar sus dedos en el borde de su nuca descubierta, para luego acariciar su cabeza y sujetar su rostro con ambas manos.

—Te amo… ¿Me escuchas? Te amo, Alba… Vamos a hacerlo juntos, ¿sí? —Albafica asintió, tomando aire mientras sentía  que una de las manos de su novio se movía para jalar la bata—. No tienes por qué temer. Tú eres más hermoso de lo que tu cuerpo puede mostrar. Siempre lo has sido.

Tras deslizar la tela, la desnudez de Albafica quedó expuesta en el ambiente frío de aquella clínica, entre paredes blancas y ornamentos celestes pálidos. Asmita bebió toda esa exposición con sus ojos dilatados, logrando encontrara tantas cosas distintas que una parte de él dolió. Tanta palidez e incluso algunos moretones que entre las inyecciones como en la naturaleza de la enfermedad, marcaba varias partes de su cuerpo más delgado.

Al mirarlo por completo, sin dejar un solo punto sin ser observado, levantó la mirada observando los ojos de Albafica, atento a cualquier cambio en su expresión. En respuesta, le dedicó una sonrisa, con el agua cayendo a un lado y la ausencia de otro elemento de color aparte del rubio de su cabello. Una sonrisa y una caricia que ese extendió en su costado, para empujarlo suavemente hacia él. Asmita levantó su rostro y buscó los labios temblorosos de su novio para consolidar el beso, mientras acariciaba el hueso más pronunciado de su cadera con una devoción predominante.

Le tomó la mano de nuevo, al cortar los besos y lo guio hasta la ducha. Lo ayudó a bañarse cuidando no mojarse ni permitir que las sondas se movieran en medio del baño. Y no dejó de mirarlo, de observarlo y tocarlo para ayudarlo a acceder a su espalda o sobre su cuello. Era una forma muy distinta de compartir una ducha, pero esa novedad había dejado de ser un problema segundos después de que iniciara.

Lo ayudó a vestirse, alternando algunas caricias suaves y besos cortos en su rostro y cuello. Ya estaban ambos listos para salir de aquella clínica llena de blancos a otro lugar más acorde con su enfermedad y tratamiento. Asmita le sujetó la mano al abandonar la habitación y le dio espacio cuando fue a saludar a sus amigos, esperándolo también allí para acompañarlo. Era graciosa la cara que tenía Kagaho al sostener un ramo que no estaba seguro de si dar o no. Defteros terminó de empujarlo a darlo, ante los ojos de Asmita quien con los años, había sabido abandonar la inseguridad que Kagaho antes le provocaba.

—Gracias muchachos.

—Me voy adelantando para firmar los papeles en recepción. —Le comentó Asmita antes de soltarle la mano y permitirle un momento con sus amigos.

Caminó con la confianza de que pasaría mucho, mucho tiempo para volver a pisar esa clínica después de que salieran. Mucho tiempo para volver a vivir una experiencia similar. Asmita caminó con esa convicción hasta el ascensor, confiado de que Defteros y Kagaho llevarían a Albafica hasta la recepción, para así tomar el camino hacia el mañana.

A voltear, en el ascensor, antes de que cerrara la puerta vio el abrazo de los tres. Asmita agradeció que esa  amistad hubiera superado también el tiempo. Que esos amigos aún estuvieran allí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s