Tomorrow (Cap 10) -Final-

El final entonces nos dice: que nos depara mañana.

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Temas: Universo Alterno, romance, angst
Personajes: Albafica, Asmita, Defteros, Kagaho, Kardia
Resumen: Mientras estuvieran juntos, mañana sería mejor. Aún con el silencio del hombre negro, aún con la espalda del hombre de la mano dura. Aún con las derrotas de ayer, de hoy.

Capítulo 10: El mañana es una promesa

El tratamiento llegó. El día cero inició y terminó de un modo demasiado rápido para Asmita, impaciente por saber sus resultados. No podía estar seguro de cuanto podría aguantar con la incertidumbre, pero permitió que Albafica reposara todo cuanto fuera posible. Luego del trasplante, vendría otro periodo de cuidado. Y los efectos colaterales vendrían. En la agenda, comenzó a anotar cuanta cosa veía para hacerle saber al médico y así adelantarse ante cualquier rechazo que pudiera haber por parte de Albafica a las nuevas células madres.

Día a día, mientras se iba acumulando el conteo positivo comenzaron las náuseas y la debilidad propia como efecto secundario. La dieta tuvo que cambiar por alimentos menos pesados para su cuerpo y las caminatas lo ayudaba a mantenerse activo, incluso afuera aunque debiera seguir con la mascarilla para evitar infecciones. Asmita lo acompañaba en esas caminatas, tomándole la mano y hablándole de cualquier cosa posible para distraerlo. Del libro, o la nueva canción del momento, incluso de que le gustaría hacer después.

Los primeros cinco días fueron difíciles, pero para el sexto y con el nuevo resultado del conteo, la luz de esperanza se hizo más fuerte. Las células cancerígenas estaban cediendo y las células madres de su padre habían sido bien recibidas. De seguir así, era muy probable una curación total de su enfermedad.

En ningún momento habló de sus propios ojos. Ambos estaban tan sumergidos en la actual enfermedad, que habían olvidado por completo ese tratamiento.

Conforme pasaron los días, habían aumentado las probabilidades de pronto ser dado de alta y volver a casa, a su hogar, con Reina Mab y todo lo que había dejado atrás. Tras tres meses en la clínica, y peleando contra la enfermedad, por fin había llegado ese día donde ya veía una fecha posible para regresar al mundo. Su padre había insistido en quererlo tener en casa, pero Albafica se había negado por una sola razón. Ese pequeño departamento económico, era algo que habían formado Asmita y él juntos. Era su hogar, tenía su calor y sus recuerdos. Tenía detalles que los hacía muy suyos. No quería abandonarlo.

Era posible que en su casa no solo estaría en mejores condiciones, sino que estaría con su padre el tiempo que estuviera allí. Pero Albafica ya había salido de esa jaula y además, Asmita ya había construido el nido. No podía abandonarlo, no lo quería. Pero tenía las puertas de su casa abierta para visitarlos. Y él iría a visitarlo también cuando estuviera en la ciudad. Ese había sido el acuerdo en que había llegado.

El día de alta llegó. Al día 33 después del trasplante, la clínica vio que era seguro que su paciente regresara a casa con todas las condiciones y seguimiento que debían tomar desde entonces, para evitar que la enfermedad reincidiera. Debían seguir vigilantes al menos un año más, en chequeos, con citas y verificando que el conteo de su sangre no se viera afectado. Tras eso, podría decir que había vencido por completo al Cáncer. Entretanto, podrían decir que habían vencido a la enfermedad y disfrutar de esa seguridad ahora en su hogar.

Lo que Albafica no esperó es que al llegar a su casa, al hogar con Asmita, sus compañeros estuvieran allí esperándolo. La sorpresa, encabezada por sus compañeros de Gaia, había decorado la casa con globos, y pancartas dándole la bienvenida a su hogar, felicitándolo por el momento, y agradeciendo que pudiera volver con ellos. Asmita le permitió a Albafica disfrutar de su momento, emocionarse, incluso llorar cuando la emotividad en el rato de los regalos pudo más con él. En ese momento, se acercó para abrazarlo, decirle que todo estaba bien y que no había razones para llorar, más bien muchas para reír.

Entre los obsequios, la suave y esponjosa cola de su gata buscando su atención cuando se sentaba en el mueble, las risas y sonrisas de sus compañero, Albafica agradeció vivir. Agradeció seguir con vida y estar con ellos y vivir todo eso que le había hecho entender cuán importante era cuidarse a él y cuidar a todos los que tenía a su alrededor, esos lazos, esa comunicación que a veces se descuida por la distancia. A valorar todo de una forma que no hubiera podido ver si no hubiera pasado por todo eso y a darse cuenta de cuán fuerte era y cuánto podría lograr. La experiencia le había permitido ver las cosas desde un lado más maduro y profundo sobre el valor de la vida, la libertad, la amistad y el amor.

Y precisamente de eso hablaron los dos, cuando estuvieron a solas y ya Asmita había cerrado todo. La presencia de la cama, ahora fría, había sido reconfortante para ambos. Habían extrañado estar juntos en su hogar y sentían que debían darle de nuevo calor a cada rincón que había sido abandonado.

Con las manos tomadas, las caricias en su espalda y el cuerpo desnudo bajo las sábanas, sin iniciar nada más y buscando solo la calidez que emitía el otro cuerpo sobre su piel, ambos simplemente hablaban. De los retos superados, de los mañanas que esperaban. De la seguridad que querían seguir juntos por muchos muchos más.

—Estuve pensando en algo… —Asmita no sabía cómo sacarlo, pero veía el momento. Así, mirándole a los ojos, parecía el momento propicio para muchas cosas

—¿Pensando en…?

—En… matrimonio. —Los ojos de Albafica se expandieron rápidamente, mostrando sus ojos tan azules como expresivos. Eso provocó que Asmita se apenara, jugara nervioso con sus dedos y se quedara mirando el borde de las sábana que cubría los hombros de su novio—. Solo pensaba…

—¿Qué pensabas de eso?

—En qué… podría ser.

—Podría ser…

—Sí, podría…

Le devolvió la mirada, con una sonrisa un tanto avergonzaba mientras seguía jugando con sus dedos. Esta vez no vio la sorpresa del inicio. Los ojos de Albafica estaban salpicados de una emoción única e inconmovible que dejaba nota de luz en sus irises celestes. Aún en la borrosa visión de Asmita con sus lentes, era capaz de verlo. Como si el color se traspasara a sus sentidos.

—Podría ser…—Albafica repitió, mientras llevaba su cuerpo por sobre el de Asmita, rodeándolo con sus piernas y dejando caer su desnudez sobre él. Colocó los dedos en donde las patas de sus lentes se sostenía y le sonrió, con la mirada enamorada.

—Podría… —respondió Asmita al colocar sus manos sobre sus caderas y a acariciarla sobre las sábanas, con movimientos un poco más contundentes que los que le regalaba en la clínica.

La sonrisa de Albafica se ensanchó antes de inclinarse a buscar los labios de su novio y a alargar el beso con las emociones en su cuerpo allí, a flor de piel, imposible de ser mimetizadas con el momento, o los argumentos, incluso con lo que no estuvieron dispuestos a dar tiempo atrás, antes de que todo eso ocurriera. Lo alargó y recibió la respuesta de Asmita, con más hambre incluso de lo que podría recordar haberle sentido, atendiendo a sus labios con dedicación y empeño, sorbiendo sus labios con delicadeza y al mismo tiempo profundidad.

La piel más sensible de Albafica recibió cada erizamiento con nostalgia y gozo. Era una sensación que se incrementaba en cada paso, y daba pie a ese sentimiento de compenetración que existía entre ellos, de posibilidades abiertas. Todo un futuro brillante que podrían tomar en sus manos a partir de ese momento.

Asmita, en un arranque por llevar los hechos a un punto más caliente, lo empujó para quedar sobre él en la cama, tomándole las manos sobre su cabeza con sus dedos entrelazados. Lo besó de nuevo, con la pasión que venía acumulando durante tanto tiempo y la entrega que había querido darle desde el mismo momento en que supo de su enfermedad. Ese podría ser se quedó en el aire, como una nueva esperanza. Y era el perfecto detonador para que sus cuerpos y sus almas decidieran hablar en ese lenguaje conocido. Asmita sentía que faltaban palabras cuando era Albafica quien hablaba y lo hacía sentir. Faltaban adjetivo para describir lo todo que le hacía sentir.

Hacerle el amor toda la noche, eso le había prometido. Y aunque no pudo ser toda la noche, debido al cansancio de ambos tras la mudanza y la fiesta, si lo hicieron hasta quedar exhausto y satisfecho, juntos y sin ánimos de separarse más. Durmiendo con la convicción de que todo cuánto quería estaba así, entre esos brazos.

Ya habría tiempo para pensar en él podría ser. Ese que había sonado así en los besos, las caricias y los gemidos de ambos mientras se unían. Porque aunque no les interesaba en sí el acto legal, sentían que sería una hermosa manera de seguir acumulando momentos juntos.

Tras tres meses más, la sombra del cáncer se fue diluyendo de sus vidas. Albafica pudo retomar sus estudios, aunque tuvo que reiniciar el proyecto con otro título. Su salud se había recuperado, y también había sumado peso, buscando volver a su estado antes de la enfermedad. Su cabello empezaba a crecer. Ahora veía una orgullosa capa de cabello celeste llenando su cabeza, brillante como recordaba. Una que por cierto, a Asmita le fascinaba acariciar.

Sintiendo que ya había superado esa etapa, Albafica entonces decidió tomar el punto que había dejado de lado: el tratamiento de Asmita y sus ojos. Quería que su novio lo retomara, tal como tenía previsto. Entendía que había tenido que abandonarlo por lo ocurrido, pero no veía necesario atrasarlo más.

Lo que no esperó es saber el destino de ese dinero y no estaba dispuesto a dejar las cosas así. Asmita había hecho ese sacrificio por él, era hora de que él hiciera algo por lo que Asmita había querido hacer con sus ojos desde hace tanto tiempo. Así que lo animó a buscar de nuevo al doctor y a retomarlo. Porque él se haría a cargo de sus gastos.

Se hizo tal como se había predicho y Albafica lo acompañó de nuevo al consultorio, donde se le dieron las instrucciones de cuales exámenes debía hacerse para verificar la condición de su vista y que tanto podían avanzar. Tras hacerlo, volvieron con las placas para los resultados, pese a que Albafica estaba muy determinado en que Asmita debía retomarlo, su novio parecía no muy deseoso de hacerlo.

—Lo lamento.

Esa fue la respuesta del médico que lo había atendido cinco meses atrás. Había colocado los exámenes en el escritorio, le había explicado a los dos la razón por la que el tratamiento ya no serviría para Asmita. Había tenido que modificar sus gafas para la nueva graduación, porque su vista había perdido el terreno ganado en las dos intervenciones tras el abandono del tratamiento y la exposición al fuego antes de su curación. El tratamiento no podría retroceder la perdida, no aún, no en ese momento de la ciencia.

Asmita fue el que se levantó para agradecer al médico por su tiempo y trabajo. Recibió las indicaciones para poder mantener su vista por más tiempo, mientras esperaba un nuevo avance. Era todo lo que podía hacer por él.

Al salir, tomados de mano, la secretaria los saludó. Elogió el nuevo corte de cabello de Albafica, desconocedora de lo que había tenido que pasar para tenerlo corto, le dijo que le sentaba muy bien e incluso con un poco más de edad. Albafica recibió el cumplido con educación, antes de despedirse.

Tras un largo tramo en silencio, ambos decidieron sentarse en una banca de una plazoleta cercana. El clima estaba frío, las hojas del otoño se movían por el viento que azotaba ese pequeño rincón de Londres. Ambos, con sus abrigos, se mantenían en silencio con las manos tomadas, masticando la reciente información.

—¿Cómo estás…? —Asmita subió la mirada tras sus lentes, al escucharlo. Pero lo primero que vio fue a una pareja de jóvenes muchachos agarrados de mano mientras paseaban a un perro, con libertad, y sin sentirse avergonzados—. ¿Te encuentras bien?

—Lo estoy… —Sonrió al dejar de ver a la pareja, para dedicar sus ojos a ver a su novio aún al lado, aún allí—. Hay muchas cosas más importantes que tener una vista perfecta. Como poder aún verte con mis lentes.

Albafica sonrió y se acercó para besarlo suave.

—Siempre te he amado con los lentes. Así seguirás siendo mi Asmita.

-Fin-

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