Día de pesca (Kanon x Mu) AU

De repente Mu no estaba seguro si Kanon le había tirado un señuelo desde un inicio y él lo había mordido inocentemente.

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Temas:  AU, romance, comedia
Personajes: Kanon, Mu
Resumen: De repente Mu no estaba seguro si Kanon le había tirado un señuelo desde un inicio y él lo había mordido inocentemente.
Dedicatoria: Para Karin, mi geme. Me pidió una competencia donde su idea fue un día de pesca para ellos dos. Y bueno, esto surgió xD
Comentarios adicionales: Seguir aumentado fanwork Kanon x Mu

Día de Pesca

Mu volvió a bostezar, aprovechando la sombra del sombrero de paja para descansar sus ojos luego de que pasara ya una hora meciéndose en aquella lancha. El agua estaba tranquila, y realmente había aprendido algo de la expedición que en un inicio le había parecido un maratón suicida. Después de todo, habían llegado al punto de la tranquilidad en el rio y donde el sol suave no era molestia, cuando era posible escuchar el canto de las aves.

El zumbido de un insecto pasó cerca, pero estaba en un estado tan relajado que siquiera le prestó atención. Dejó que siguiera su curso mientras soltaba el aire, y sentía el momento inusualmente placentero. Estar conectado a la naturaleza. Sentirse parte del mundo. Ser parte de un gran todo.

—Tsk…

Alzó un poco el sombrero para mirar al único que no disfrutaba de las bondades de estar allí, disfrutar solo como el agua se mueve debajo y el cielo arriba y su cuerpo fluye a voluntad. Kanon acababa de chistar y viéndolo desde allí, tenía un gesto divertido mientras miraba con ojos clínicos al señuelo.

Inevitablemente, sonrió.

Kanon era un aficionado a la pesca y precisamente así había llegado a conocerlo, cuando en una tienda de artículos deportivos lo vio escogiendo la mejor caña de pescar para recuperar la que había perdido. La manera en que hablaba de ella, de su forma, del largo, de su peso, le había robado la atención al punto de olvidar el pedido de Kiki. Se quedó escuchando las anécdotas del hombre que hablaba de cuántas veces había pescado con su abuelo antes de que este muriera.

Era encantador. Y aquello prosiguió en un café, en una visita, en un trago, en la cama. De repente Mu no estaba seguro si Kanon le había tirado un señuelo desde un inicio y él lo había mordido inocentemente.

Movió su pie, buscando llamar la atención del pescador que no había tenido su mejor desempeño en esa salida. Por supuesto, Mu había querido acompañarlo en una de esas escapadas de madrugada para pescar, esperando ver los resultados, aunque al final había sido provechoso desde otra perspectiva.

—Quizás hoy no era tu día. —Comentó con aire divertido mientras frotaba la curva de su pie descalzo sobre un costado de Kanon, debajo de su chaleco de pesca.

—No pesqué nada.

—No hacía falta pescar nada. Ya vi lo que quería ver.

Kanon le dirigió una mirada de incredulidad, con el gesto de hastío que se había asentado desde que empezó a notar que no había un solo movimiento en su caña de pescar. Mu se estiró en la lancha y provocó que su movimiento desestabilizara un poco la quietud que disfrutaban en la pequeña embarcación.

—Ven aquí conmigo. —Invitó con una sonrisa contenta en el rostro—. Está bueno para dormir. Siento que he olvidado todos los problemas de mi tesis.

Con un gesto de inconformidad, Kanon lanzó el señuelo lejos de la embarcación hasta que se quedó flotando en la superficie unos metros lejos de él. Ajustó la caña en su lugar antes de moverse, aceptando la sugerencia de Mu aunque no se notaba para nada satisfecho con el resultado.

Sobre la lancha, había suficiente tela impermeable para que al menos no fuera tan incómodo el estar acostado. Mu se hizo a un lado, permitiéndole a Kanon el acceso suficiente para que se acostara antes de que él invadiera parte de su espacio al recostarse sobre él.

Se acomodó a un costado y disfrutó de la conjunción de aromas y sonidos que significaba estar cerca de Kanon. Aroma a agua, a aventura, a libertad, con el sonido de su pecho retumbando cerca de su oreja. Podía quedarse allí hasta que el sol comenzara a molestar más en algún punto de la mañana. Así como estaba era… perfecto.

—Quería pescarte uno y que lo cocináramos en una fogata, antes de irnos.

—Traje latas de comida de todas formas.

—Pero no era la idea, la idea era comer pescado que yo hubiera atrapado, no abrir una lata de comida.

—La idea era compartir tiempo juntos y de eso tenemos. ¿Crees que me molesta que no hayas pescado nada?

Kanon movió su cabeza hacía él, con el ceño fruncido, momento en el cual Mu se acercó para besar suavemente los labios fuertemente cerrados.

—Si es por mí, podemos venir todas las veces que quieras a seguir intentando.

Hubo un momento de silenciosa compresión, hablándose en el lenguaje en el que solo los enamorados podrían comunicarse. Una mirada infinita, enmarcada en el par de irises y pupilas, nada más distrayendo el campo de visión que el color de los ojos del otro, o la visión de su propio reflejo en aquellas cuentas ajenas. Había silencio entre murmullos de árboles y el paso del viento. Silencio entre el aleteó de los insectos al tocar el río y el movimiento de las corrientes bajo la superficie.

De repente ya no estaban los ojos del otro, ni las pestañas ni el brillo de ellos cuando se miraban fijamente buscando no pestañear. Solo hubo oscuridad y los sonidos y el sabor y las ansias. Kanon abrió los labios para recibir los de Mu y apretó suavemente los párpados mientras se dejaba llevar por ese beso. Se sentía a penumbra y a mañanas. El movimiento era una danza suave, un poco errática, donde no importaba seguir un ritmo o compas, sino saborearse, sentirse, alternar el aire con los suspiros y las succiones y la lengua.

Mu colocó una mano sobre su pecho, aguantando su posición mientras Kanon la dirigía a su espalda. Siguieron besándose, lento, entregados, en un punto perdido en la nada de algún mapa olvidado. Como si solo fuesen ellos.

—Quiero venir de nuevo… —murmuró con la voz ronca, y agarró el labio inferior con sus dientes antes de soltarlo y sonreír. Kanon entreabrió sus párpados para verlo con aire distraído, un tanto afectado aún por los recientes besos.

—No sé, no sé. Si no pesco hoy…

Un sonido los alertó. Mu subió la cabeza, solo para notar como la caña era jalada y llevada al máximo de su flexibilidad por algo que había tomado el señuelo.

—¡Kanon, la…!

Kanon se sobresaltó y vio con horror el momento en que la caña se salió de su sujetador y fue lanzada al agua. ¡Eso debía ser una cosa enorme! ¡Pero más importante que eso era su caña nueva! Por poco Mu terminó en el agua por el empujón que Kanon le propinó en su acelerada búsqueda. Cayó sentado al otro lado, ligeramente conmocionado antes de ver boquiabierto como Kanon se lanzaba al agua para jalar su caña.

Aquello se convirtió en algo de película. Kanon alcanzó a su objeto de valor y jaló y jaló mientras aún seguía siendo arrastrado por lo que sea que hubiera bajo el agua. Tras minutos de tensión en los que Mu no pudo pestañear, Kanon había recuperado el control y jalaba la cuerda con velocidad. Luego solo vio cómo se hundía.

—¡Por todos los dioses, estás loco! —Gritó en el segundo que agarró el otro lado de la lancha para ver lo que quedaban de las burbujas en la superficie. Pronto salió Kanon, totalmente empapado con… un pez que debía medir lo que su brazo. Mu lo miró aún sin creerlo.

—¿Qué crees? ¡Pesqué!

Mu lo miró por un segundo completamente inmóvil, antes de soltar una carcajada.

Había dicho que era encantador, ¿no? Mu estaba seguro que volvería a morder el señuelo otra vez.

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