Chandelier (Cap 01) AU

Defteros ha encontrado un nuevo sol al cual aferrarse. La pregunta es si caerá de nuevo antes de alcanzarlo.

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Temas:  Romance, Drama, Universo Alterno, Suspenso.
Personajes: Defteros, Asmita, Degel, Dohko, Tenma, Sasha
Resumen: Defteros ha encontrado un nuevo sol al cual aferrarse. La pregunta es si caerá de nuevo antes de alcanzarlo.
Dedicatoria: Para todos los del club y estos 5 años estando juntos.
Comentarios adicionales: Seguir aumentado fanwork Defteros x Asmita

Capítulo 01: La estación de los cruces

A Defteros siempre le había llamado la atención los enormes candelabros colgantes. Estos, decorados con bellísimas piezas de cristales, extendían la luz por el enorme salón entregándole un aire de suntuosidad inigualable. Él siempre se preguntó que sería estar colgado de ellos, como se mecía de las ramas de los naranjos en el patio de su casa. En aquella mansión antigua, esas lámparas representaron un desafío para él.

Su hermano, por supuesto, también pensaba igual. Ambos pasaban horas observando desde las escaleras las enormes lámparas danzando suavemente por la acción del viento que se colaba a través de los vidrios abiertos de las ventanas. Pero Aspros siempre había sido menos temerario. Y sus ideas tenían más posibilidades de triunfar. Era meticuloso, organizado, cada meta era cuidadosamente estudiada. No corría con los impulsos de Defteros y sus ideas descabelladas, que terminaron con empujarlo a alcanzar aquel candelabro a través de un saltó desde el balcón de las escaleras. Ese evento lo dejó con una pierna y un brazo facturado y la posibilidad de que pudo morir.

Aun así, recordaba el movimiento de la sombra de aquella lámpara danzando sobre su cabeza. Aquel sol que Ícaro no pudo alcanzar.

Pero pensar en lámparas enormes era recordar a su niñez y a Aspros, y todo aquello solo podía terminar con un dolor de cabeza.

Defteros desvió la mirada y se entretuvo en el aviso de la nueva estación de metro. Su aspecto intimidaba. El largo abrigo marrón oscurecía sus facciones y el cabello enmarañado lucía descuidado a la vista. Tenía el rostro adusto, endurecido con una expresión huraña. Sus labios gruesos y resecos por el frío, se mantenían levemente abiertos con la visión del colmillo. Tenía además, a un adolescente agarrado del brazo y este se removía intentando zafarse sin éxito.

Era un japonés, de mediana altura y cuerpo larguirucho. El cabello castaño soltaba picos por todos lados y la chamarra se le arrugaba en donde la mano de Defteros lo sujetaba. Intentaba de muchas maneras soltarse hasta que cedió y terminó resignándose. Una exhalación pesada de aire brotó de sus labios y se cruzó de brazos, obstinado. El compañero de su tío Dohko era lo peor.

—Te odio. —Escuchó al chico, hablando en inglés pero con francas dificultades con el idioma. Defteros solo lo miró de reojo y volvió a mover sus ojos hacía la ventana. Ya la mujer del frente había movido la revista, por lo que ya no se veían candelabros colgantes a la vista—. Eres asqueroso. Le diré a mi tío. ¡Ya verás!

—Je. —Defteros rodó los ojos, sin devolverle la mirada. El muchacho se removió de nuevo y pateó la bota de seguridad del mayor, no provocando que siquiera se mosqueara.

—¡Argh! ¡Suéltame!

El vagón se detuvo y el sonido anunció la llegada a la nueva estación. Defteros empezó a moverse sin el menor cuidado, empujando a Tenma del brazo para que lo siguiera mientras la gente salía hacía la estación. No le importó tropezarse ni apretar al muchacho contra la multitud mientras se movía a las escaleras eléctricas. Bajaron a la siguiente estación donde la gente había menguado y los vagones estaban casi vacíos.

Tenma no tenía mucho en Londres, pero era un chico temerario. Desde que se había mudado con Dohko, su compañero de cuarto, les había provocado ya varios sustos por su manera de perderse o de irse antes de tiempo del colegio sin avisar. Aquello era un problema y seguramente Dohko lo regañaría de nuevo esa noche por escapar para ir a aquel museo sin permiso.

El muchacho decía a su favor que después de vivir en Tokio, moverse en Londres no representaba ningún inconveniente. Pero Tenma no estaba tomando en cuenta la gran barrera que existía con el idioma. Y era evidente que no se sabía mover aún en el sistema de trenes subterráneos. Defteros había tenido que ir por él, en contra de sus planes y eso lo tenía aún más enojado de lo que era común verlo.

—¡Suéltame ya!

Tras una tanda de improperios, Tenma obtuvo la libertad de su brazo al entrar al vagón. Le sacó la lengua en respuesta y pensó que eso obtendría consecuencias desagradables cuando Defteros, de un manotazo, detuvo la puerta del metro que estaba por cerrarse. Tenma se quedó impávido, observando el rostro de Defteros visiblemente indiferente al ruido que había provocado. Pero pudo ver entonces el bastón que se movía de un lado a otro como si buscara algún objeto que pudiera interceptarse su camino.

Tenma mordisqueó el interior de su mejilla y observó la figura de un ciego joven entrando cubierto en dos abrigos, con una bufanda colorida amarrada alrededor de su cuello. Tenía el cabello largo y era bastante blanco, se podía notar el rojo concentrado en su nariz seguramente por el frío.

Ni siquiera meditó en sus acciones cuando se levantó el asiento y lo ayudó a encontrar un puesto vacío en el vagón. Recibió el agradecimiento, aunque no había entendido muy bien sus palabras, pero contento consigo mismo volvió a su lugar mientras el metro se movía.

Defteros había observado todo de reojo, pero no hizo nada para colaborar. Solo se cruzó de brazos, sentado en su puesto y con la mirada en el limbo.

—Sí vas a hacer algo, hazlo completo. —Reclamó Tenma al sentarse y sacarle de nuevo la lengua. Estaba frente a él—. ¡Se pudo caer cuando el metro se moviera!

—No. —Tenma pestañeó repetidamente tras escucharlo. Aunque sonó como una negativa (casi inentendible) no podía descifrar a que se debía ese no. Y Defteros parecía ser amante de comunicarse en base a tres letras.

No dijo nada en el camino y durante el trayecto de salida del metro, se quedó observando al hombre ciego caminando junto a la multitud después de quedarse en la misma estación que ellos. Defteros no dejó de moverse hacia el frente y en determinado momento, sus caminos se separaron.

El departamento en donde compartían espacio era pequeño. Tenía dos habitaciones, un solo baño común, una pequeña cocina y una sala un poco más espaciosa que el resto de los ambientes. Ese edificio era atendido por un español, y debajo alquilaban habitaciones para turistas en temporada.  Defteros tenía su habitación, Dohko la otra y Tenma estaba relegado a dormir en el sofá cama de la sala. Era todo cuánto podían ofrecerle.

Vivían en el barrio chino de la ciudad. Dohko tenía años en la ciudad, al igual que Defteros, pero apenas dos años viviendo en un mismo departamento. El chino trabajaba de cocinero en uno de los restaurants del área, por lo que no llegaba sino hasta avanzadas horas de la noche. Defteros tenía el horario normal de trabajo de cualquier conductor normal de equipos pesados en constructoras urbanas. Siempre requería tren para regresar.

Como era de esperarse, al llegar a la casa Dohko los estaba esperando y no dudo en discutir con su sobrino por su falta de atención y desobediencia. Una pelea en chino. Por supuesto, Defteros ignoró los gritos y las vocales alargadas mientras los dos discutían y él se calentaba unos fideos de la noche anterior. Se sirvió en la misma olla donde había calentado la comida y se sentó en el mueble mientras la discusión continuaba. En parte entendía a Dohko, estaba bajo su responsabilidad la seguridad de Tenma. Pero por otro lado entendía que mientras más reglas le impusieran al muchacho, más deseos tendría de saltarlas.

Era simple, como el asunto de la lámpara de techo. Cuántas más veces le decían que no intentara jugar con ella, más veces Defteros lo intentó.

El dolor de su rodilla le hizo recordar con una puntada ese momento y lo desechó tan rápido como pudo con otro bocado de fideos sazonados con salsa china. Miró con una sonrisa de medio lado a Tenma encerrándose en la habitación de Dohko y dejándolo afuera, con la palabra en la boca. Pero él no pensaba intervenir.

Estando en su habitación, se desentendió de todo el drama familiar que Dohko y Tenma tenían montado. Las discusiones eran normales, los pleitos eran otra forma de dialogar en una familia, una que si se sabía moderar podía resultar sana. Y además, extrañaba mucho de eso. Aún si no quisiera admitirlo.

Se acostó sobre la cama, con las piernas y brazos extendidos y la vista en el ventilador que no se movía en el techo. Sus ojos se quedaron prensados en las aspas inmóviles y en la forma en que la luz reflejaba las sombras como si se tratara de las alas de un serafín. Resopló lento, perdiéndose en distintos tramos de su cerebro antes de que la acción programada se empezara a ejecutar.

Se había convertido en una necesidad que dejó de atribuirse a solo el dolor, a solo la pulsada molesta. Se había convertido en una salida rápida, en un método de escape. De su gaveta sacó el pequeño envoltorio y preparó el tubillo blanco para poderlo encender. El aroma característico inundó sus pulmones y se convirtió en un hilo de humo en el aire.

Inspiró, exhaló. Su mente no tardó en convertirse en un nido de algodones de colores dentro de su cabeza. Tras haber fumado la marihuana, Defteros se dejó caer de nuevo sobre el colchón, con la vista a aquel ventilador que ahora se movía. Hacía piruetas sobre su cabeza. Se llenaba de colores y formas, las sombras eran de siluetas espectaculares que en un momento le dibujaron una sonrisa.

Navegar por el mar de las ilusiones resultaba una actividad analgésica que luego lo sumía al silencio cuando dejaba de volar por las nubes.

Porque cuando acababa el efecto y la noche, lo que quedaba era el día gris de un otoño común en Londres. La gente que se movía, los transportes que pasaban a su lado, el ambiente frío de todo el lugar y los recuerdos ignorados en filas. Defteros no pensaba en otra cosa más que seguir consecuentemente con su camino y encontrar algún punto donde las cosas mejoraran en su interior.

Mientras tanto, seguía deambulando, llevando ahora a Tenma hasta la parada de autobús que debía tomar, y escuchando sus constantes reclamos sobre la falta de confianza por parte de Dohko. Añorando cosas, escuchando en silencio, mirando las luces moverse distante entre niebla.

Bajaron juntos por la estación del metro y cerraron sus abrigos. Vio la figura del mismo rubio ciego del día anterior, algo que era común, algo que se había convertido en parte de su rutina. Solo, lo veía acercarse peligrosamente hacía las escaleras recién mojadas del metro con solo el bastón sirviéndole de guía. Y de nuevo en silencio, lo agarró fuertemente de los hombros para detenerlo del camino y hacerlo mover hacía las escaleras electicas.

Tenma observó el comportamiento, extrañado. La mirada estaba sobre él como si no acabara de entender el origen de cada una de sus acciones.

—¿Quién? —Escuchó la voz del joven inglés y Defteros solo lo empujó suavemente hacía adelante, indicándole que subiera—. ¿Qué había allá? —Sin obtener respuesta solo se quedó de pie escuchando los pasos alejarse y la gente que caminaba a su alrededor pidiendo permiso para usar las escaleras mecánicas.

Defteros no dijo nada. Simplemente siguió su camino. Como si la buena acción del día fuera suficiente aún si no estuviera acompañadas de palabras. Tenma avanzó mirando al ciego resignándose a no tener respuesta y buscar a su manera ubicarse en un mar de gente.

—¿Por qué no le dijiste que estaban las escaleras mojadas y se podía caer? —preguntó Tenma en un momento que decidió que la única forma de obtener una explicación era buscándola.

Defteros se plegó en la puerta del metro, con la mirada hacia la ventana. El menor tuvo que bufar al darse cuenta que no tendría respuesta alguna aún si hiciera a la pregunta correcta. Simplemente, a Defteros no le gustaba explicar sus acciones.

Se entretuvo mirando a través de la ventana a la gente que estaba quedando del otro lado de la línea. Allí estaba el hombre ciego, esperando el metro que iba a dirección contraria.

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