Mil veces (Afrodita x Milo)

Lastimosamente, esta última vez no había logrado ser invisible. Milo estaba enojado, pero su enojo era el precio de su supervivencia.

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Temas: Yaoi, drama.
Personajes: Afrodita, Milo
Resumen: Lastimosamente, esta última vez no había logrado ser invisible. Milo estaba enojado, pero su enojo era el precio de su supervivencia.
Dedicatoria: A AphroditePiscium PoisonRoses, tanto por haberme tocado en esta actividad como por placer. Me alegra que me hayas tocado y espero que mi pequeño engendro sea de tu agrado :3
Comentarios adicionales: Espero se entienda xD

Mil veces

Afrodita paseó sus labios por el largo de su espalda. Desfiló por sus omoplatos, mientras apartaba rizos de su camino y dejaba que la textura de su lengua creara nuevos girones sobre su piel. Milo se retorció, emitiendo un sonido cercano al ronroneo. Incluso el golpe había dejado de doler.

Metiendo sus manos por la afilada cadera, Afrodita se apoderó de su nuca. Sorbió. Lamió. Dejó su firma con saliva y su marca con el color de la sangre concentrada en cada punto en que se volvía codicioso. Sabía que a Milo le gustaba. Sabía que era de sus puntos débiles. Sabía que no podía estar mucho tiempo enojado con él.

¿Acaso podía juzgarle por querer salvar su pureza? ¿Por mantener intacta la honorabilidad que él hace mucho tiempo perdió? Sí, él era una rosa con espinas y Milo era un clavel libre de mancha, abierto, expuesto y por ello vulnerable. No podía negarle la necesidad de mantenerlo a salvo por mucho tiempo.

Él no sabía aún hasta qué punto. Cuánto lo había salvado incluso de la verdad. La mentira era mucho más dócil, sencilla, fácil de digerir. Milo no necesitaba saber… si con ello se mantenía con vida.

Lastimosamente, esta última vez no había logrado ser invisible. Milo estaba enojado, pero su enojo era el precio de su supervivencia.

Sus dedos se enroscaron entre el vello grueso, moviéndose perezosamente. Afrodita acomodó su cabeza sobre la de Milo, cerca de su oreja, justo en la distancia precisa que necesitaba para sentir los vellos erizados acariciando sus labios.

―¿Todavía enojado? ―Siseó cuan serpiente, provocando un ligero escalofrío en el cuerpo acanelado bajo él.

No hubo respuesta. Ni su voz, ni su sexo igual de necio que él. Afrodita dejó un ligero beso en su lóbulo y arrastró la punta de su nariz por la frondosidad de su melena. Capturó su aroma adictivo, mucho mejor que toda sus rosas.

―Bien. ―Continuó―. Me avisas si me perdonas algún día. Pero no tardes, las rosas se marchitan demasiado pronto.

Sonrió contra su cabello antes de apartarse. Enderezó la espalda y no lo miró más hasta que se sentó en la cama, dispuesto a arrastrarse hasta la orilla y abandonar la estancia. Pero en el momento en que se movió, la manó lo sujetó con fuerza en el brazo y el preámbulo de su sonrisa fue el aviso del siguiente movimiento.

Cayó empujado por Milo a la cama con cabellos desparramados y la mirada encendida. Allí estaba él, con su enojo de niño, con su corazón de caballero, su cuerpo de hombre, mirándole con reproche y deseándolo de la misma manera. Acercó su rostro y sostuvo con su mano el de Afrodita, con la uña latiendo en la suave piel.

―Prométeme que no volverás a hacerlo.

Recordó la rosa disparada, la herida en el brazo, el cosmos diluyéndose. Sonrió.

Lo volvería a hacer. Mil veces.

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